Siempre he tenido el gérmen de éste pensamiento en mi cerebro, pero fue un profesor el que me ayudo a materializarlo en una idea : La objetividad no existe. O lo que es lo mismo, la verdad (absoluta) no existe, por mucho que un individuo o un colectivo predique que está en su posesión.

Y menos, dentro de las distintos artes. (Ni en el cine-ojo de Dziga Vértov.)
Lo que se suele entender por objetividad “absoluta” nace de encuentros y acuerdos entre las visiones subjetivas de varias personas, motivadas por su forma de ver el mundo, sus gustos, su educación, su trasfondo y sus circunstancias.

Como en la cocina, cierto es que hay un nivel mínimo de convención social en el que definimos qué es por ejemplo una ensalada y qué es una sopa, además de cuándo un alimento está en mal estado y puede causarte una enfermedad, pero ahí se acaban las “normas”. Aunque también es lícito que disfrutes con el sabor de éste alimento en mal estado y nadie te puede achacar que estés equivocado, aunque luego te toque asumir las consecuencias para tu salud de camino al hospital. Pero nadie te puede imponer qué sopa es mejor que otra, ni qué una ensalada sea mejor que una sopa.

Éste símil de la comida se puede aplicar también a cualquier arte, o cualquier ámbito de la vida, pues hasta los conocimientos absolutos de la ciencia pueden ser refutados en el futuro.

Y como a mí lo que me hace respirar es el cine y siempre he visto su creación igual que la cocina, con la salvedad de que siempre tienes que crear tú los mejores ingredientes (los personajes) para que la receta que te vas a inventar, salga sabrosa, primeramente para ti, y con suerte para un mayor o menor número de personas.

Por ello, ni tú, ni yo, ni ningún crítico, ni el público tienen la razón.
Todos tenemos la nuestra y es la única que nos debe importar.

De ahí vienen ésta serie de temas a tener en cuenta.

  • No incluirás un plano de la luna llena sin una muy buena razón.
  • No meterás con calzador en tus historias el tópico romance heterosexual por decreto, sobretodo en relatos donde no aportan nada.
  • No seguirás las “normas no escritas” de los estudios tradicionales ni dejarás de lado tu idea original para amoldar tu relato a “lo que reclama la audiencia”.
  • No usarás la música para subrayar los momentos emotivos de la trama.
  • No pondrás en boca de tus personajes lo que están a punto de hacer.
  • No acabarás tu película de una forma abrupta justo el fotograma después de que se resuelva la trama como les gustaba hacer en el cine clásico.
  • No calificarás una película de fallida si no eres uno de sus autores.
  • No usarás sangre digital ni CGI en vez de latex y animatronics.
  • Nunca te acercarás al melodrama.
  • El único tabú que respetarás será el que rodó el señor Murnau.
  • No mostrarás nada obvio en pantalla, y no volverás a mostrar escenas o detalles que el espectador debería recordar.
  • No contagiarás a tu historia con un tono feliz para tener cómoda a la audiencia, si lo que quieres contar es una historia desgraciada y con un tono tan oscuro como el carbón.
    Edulcorar nuestro arte solamente nos hace más pobres, a los creadores y a la audiencia, que cree que solo necesita entretenimiento inofensivo para evadirse de las miserias de su vida.
  • No harás que tus personajes hablen otro idioma del que deberían por su origen o “Cómo hollywood se cree que todo el planeta habla inglés”. Ama la autenticidad, no temas los subtitulos.
  • No rodarás escensas de sexo de forma puritana o mojigata como siempre nos han mostrado. Para eso es mejor una elipsis. Aprender de John Cameron Mitchell y Lena Dunham.
  • Todo lo dicho anteriormente deberá ser desechado si usas uno de éstos recursos baratos con el objetivo de conseguir un momento cómico.

* Éste no es solo para el cine, pero también me gusta seguirlo a rajatabla : Repudia la moderación, lo políticamente correcto, la metrosexualidad y todas las modas.

Hay otros temas del mundo de la cultura, que o son tabú, o caen casi irremediablemente en el cajón del pensamiento único, como es el caso de la “piratería”.
(la parte que se hacía de oro de) El mundo del cine y la música acusa de piratería a la gente corriente por conseguir ver una película o escuchar unas canciones sin pagar, lo mismo que hacemos cuando vemos una película por la televisión o escuchamos un tema por la radio.
Pero claro, la diferencia está en que desde que existe internet (Gracias al Network Working Group y Tim Berners-Lee por tan maravillosa herramienta!) podemos hacerlo cuando y cómo queramos, y eso primeramente significa sin pasar por la engorrosa publicidad.
Su teoría de culpabilidad de la compartición de archivos por internet como causa única y principal del descenso de ventas ha sido desmontada muchas veces, y me ha provocado urticaria escuchar a mucha gente usar la demagogia para atacarlo, como aquella vez que escuché a una persona de nuestro país que trabaja en el cine comparar la descarga de su película con robar un abrigo en una tienda, totalmente ridículo…
En el mundo del cine rara es la producción (dentro del campo de las películas de presupuesto medio-alto, las que habitualmente son las más compartidas) que no recupera al menos la inversión inicial, y será más culpa de no haber generado interés, aunque muchísimas grandes películas apenas consiguen resultados en taquilla. En el mundo de la música, el vivir de los que generan los discos del artista es una historia del pasado (los poquísimos músicos que han podido vivir de ello) y para subsistir lo lógico es que obtengan su sustento haciendo otras cosas, como dar conciertos.

En mi opinión, toda la cultura “en diferido” debería ser de acceso libre, y luego cada persona debería comprometerse a aportar dinero a lo que realmente le gusta, en la medida que pueda. Todos hemos pagado por alguna película o disco del que después nos hemos arrepentido.
Hay muchos tipos de usuarios, algunos nunca hubieran pagado por esos contenidos y no pasan pena por no consumirlos al no estar disponibles gratuitamente, y otros como yo tenemos tanta necesidad de cultura que no podemos permitirnos pagar por todo lo que pica nuestra curiosidad.

Por ello, si te interesa una película y se dan las circunstancias para que la veas en el cine, ve. Sino, descárgala, alquílala o cómprala directamente si te fías de sus creadores.
A la salida de un disco, si lo ha creado uno de los artistas que te gustan, haz un pre-order, si no te fías, descárgalo y ya lo pagarás si te ha gustado.

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